A PROPÓSITO DE LO POLÍTICO por Concha Carretero

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Antonio Di Ciaccia

He escogido este artículo porque no creo haber vivido un momento en que lo político despierte tanto interés general. Hasta en la televisión las llamadas tertulias políticas han desplazado los programas de cotilleo del corazón.

He leído el artículo contrastando las referencias bibliográficas lo que me ha hecho releer entre otros textos el Seminario XVII, que me ha vuelto a recordar la pertinencia y la visión de Lacan tan actual a pesar del tiempo transcurrido, casi 50 años.

Precisamente Di Ciaccia empieza el artículo preguntándose si el psicoanálisis tiene algo que decir de la política, y sobre todo plantea el lugar del psicoanálisis en lo político, cita a Lacan «solo es factible entrometerse en lo político si se reconoce que no hay discurso, y no solo
el analítico que no sea del goce, al menos cuando de él se espera el trabajo de la verdad».

Lo propio de todo discurso es el goce; sin embargo se constata que la política apunta al saber, al saber totalizante, al todo, a la buena forma de la satisfacción.

Lacan invita a luchar contra esta idea de satisfacción, poniendo ese nudo al descubierto por la vía del inconsciente.

Lacan pone en cuestión este saber totalizante, que con Hegel alcanza el saber absoluto, lo mismo que impide a la política alzarse como clave de la felicidad.

Freud apunta «no hay felicidad que no sea del Falo», Lacan despejará esta cuestión, recurriendo a la enseñanza de las histéricas. Dora será la que irá más lejos en el discurso de la histérica, a la exigencia de encontrar suplencias al goce al cual hay que renunciar. A la solución de Dora, Lacan la denominará: «función del plus de goce». Este es el motivo que le permitirá afirmar que es precisamente con el objeto a-al mostrar que él es la apuesta del acto analítico- que habremos «esclarecido cualquier otro acto» … ¿incluso el político?, se pregunta Ciaccia, SI,
también el acto político. (Aclarar error cita).

Para hacerlo, Lacan lo enmarcará en el acto filosófico .Comienza colocando en los extremos del acto filosófico a Aristóteles y a Kant. Según Aristóteles, hay del bien a nivel del placer y un justo recorrido en este registro conducirá al Bien Supremo.

En el extremo opuesto está Kant, que subraya dos aspectos: el primero es que el acto es del orden de un decir; el segundo es que está regulado por una máxima que debe tener valor universal. Lacan lo caricaturiza vinculándola con otra máxima esta vez perteneciente al
Marqués de Sade. En ambos casos es convocado el Otro con mayúscula.

Sin embargo lo político no avanza sin el acto político mismo, en la medida que se trata de un decir que conlleva cambios decisivos, como es evidente en Marx.

Marx hace dos aportaciones. La primera atañe al síntoma «el paso esencial dado por el pensamiento marxista es el de haber puesto en evidencia la equivalencia entre síntoma y valor de verdad». La segunda se refiere a la homología entre la plusvalía marxista y el plus-de-gozar.

El paralelismo entre ambas concepciones es el de una pérdida que produce un plus de ganancia. Así como la transformación de la fuerza del trabajo en la mercancía produce un plus de valor que es el producto de una pérdida, ya que no es retribuída al trabajador, del mismo modo el discurso, prohibiendo al sujeto ese goce único y total que habría si hubiera relación sexual, produce un plus de goce que permite al deseo suplirlo, producto que Lacan llama objeto a, causa de deseo.

Lacan considera correcta la concepción marxista de la plusvalía, incluida como denuncia del capitalismo, pero se opone al uso que Marx le da. Marx convierte el capitalismo en una cuestión de saber universal, transformándolo así en una religión sintomatizada en el residuo-proletario, elevado en la ocasión a la dignidad de «mesías del futuro».

Y propone» si no hacemos del hombre algo que vehiculiza un ideal futuro, si damos lugar a la determinación de la singularidad en cada caso, la de su inconsciente y el modo en que de eso goza, el síntoma conserva entonces el lugar que Marx le ha dado, asumiendo al mismo tiempo, otro sentido. No ya el sentido de síntoma social, sino el del síntoma particular».

Es aquí donde el analista es convocado a ser esa encarnación del resto que permita que ese sujeto advenga bajo la forma del objeto a, para poder finalmente sinthomatizarse .Si se sigue la orientación de Lacan para el psicoanálisis, en el horizonte lo que hay es el sinthoma de uno por uno.

. Sinthoma de un goce singular, sin escabel… Podríamos decir aquí con Lacan, que «en esta juntura con el real se encuentra la incidencia política a partir de la cual el psicoanalista tendría lugar si fuera capaz de ello».

Concha Carretero


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