Primeras reflexiones sobre el tema de las XVIII Jornadas de la ELP:“La discordia entre los sexos a la luz del Psicoanálisis” | Autor: Patricia Tassara Zárate

 “Ciertamente es más fácil para el hombre enfrentar cualquier enemigo en el plano de la rivalidad que enfrentar a la mujer, por cuanto ella es el soporte de esta verdad, el soporte del hecho de que hay semblante en la relación del hombre con la mujer.” J Lacan (*)

 

La discordia de los lenguajes (**)

Lacan habla sobre la discordia en 1953 y dice: «Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? Que conozca bien la espira a la que su época lo arrastra en la obra continuada de Babel y que sepa su función de interprete en la discordia de los lenguajes(1)

Esto nos coloca sobre una primera cuestión: hay discordia en los lenguajes. Es otra forma de decir que el psicoanálisis sostiene la existencia de un malentendido fundamental. Hay discordia en los lenguajes, pues cada uno tiene su lengua propia. Y un psicoanalista se ocupa de leer la lengua de aquél que viene a hablar, lengua por la cual sufre.

Pero esta cita de Lacan también nos pone en alerta diciendo que el psicoanalista debe conocer esa espiral alrededor de la cual la época lo arrastra y que advertido de situarse en su época,  interprete la discordia que el lenguaje produce.

¿Qué síntomas actuales produce la discordia de los lenguajes de nuestra época? ¿Cómo pensar esa discordia de los lenguajes entre hombres y mujeres? ¿Qué sucede a nivel sexual con la discordia? ¿Qué puede decir el psicoanálisis sobre el tratamiento de esa discordia?

 

La discordia entre hombres y mujeres

Hombres y mujeres presentan sus encrucijadas, embrollos, dilemas, atascos….Es la discordia, la disarmonía, la imposibilidad de homogeneización de la que nada se quiere saber y de la que el sujeto se defiende empeñándose en hacer existir un Otro.

Hombres y mujeres, cada uno a su manera, siguen sosteniendo la existencia de La mujer con sus síntomas. Pero cuando un análisis está bien orientado, entonces el sujeto pasará de creer en el Nombre del padre para servirse de él. Para el hombre, creer en una mujer como síntoma, es diferente a creer en una mujer. Lacan nos indica que se trata más bien de ‘creer-la’ como síntoma, siendo el ‘la’, en su homofonía francesa, ‘allí’, señalando un lugar éxtimo. Una mujer porta consigo ese carácter hétero.

La histérica, es discordante con la posición femenina, se defiende de ella. Puede hacerlo revistiéndose de un valor fálico con sus síntomas, como también apuntando a hacer existir a La mujer convirtiéndose en madre, ubicándose del lado del ‘tener’ (2). Mientras la histérica quiere ser para el Otro el objeto que sostiene su deseo y amor, la mujer en posición femenina quiere gozar a través de un nuevo amor al final del análisis, pudiendo servirse de un hombre como relevo, para alcanzar lo heterogéneo de sí misma. No obstante, no debemos confundir esto, pensando que todo final de análisis para una mujer es tener pareja. ¿Pues, de cuántas maneras puede una mujer servirse de un hombre como relevo, para alcanzarse como Otra para sí misma?

De la discordia al odio

Solo mencionar un apartado, que bien podría ser uno de los ejes temáticos de estas JJ – los femicidios. Ellos no hacen más que mostrar esa discordia de la manera más brutal, donde el objeto más amado es el más odiado. Vemos como las pasiones del sujeto, juegan su partida en la discordia entre los sexos desvelando el ser de goce. El odio a la mujer, el odio que destruye el objeto, el odio al goce femenino, es lo que hoy se traduce a nivel social con los femicidios y las políticas totalitarias.

La discordia en las parejas lacanianas

Miller nos ha ofrecido un concepto, que si bien no aparece en Lacan, él lo deduce de su obra. Es el concepto de partenaire-síntoma, dedicando todo un seminario a ello entre los años 97-98. Situaré estas parejas y la discordancia en cada una de ellas:

La pareja imaginaria: es escrita como  yo-otro, basada en la identificación, y que en el grafo del deseo encontramos como m——-i(a). Califica al yo como la sombra de la imagen del objeto. Allí nos dice claramente que “el yo está marcado por la discordancia, por una falta, y esa falta es colmada por la imagen” (3)

La pareja simbólica: la escribe sujeto-Otro. ¿Dónde está la discordancia aquí? Siguiendo a Miller considero que la podemos ubicar en tanto el sujeto tachado siempre busca en el Otro, el significante que le falta vía el reconocimiento. Sabemos que ese significante último, que imaginariamente complete al Otro, esa última palabra tan esperada, siempre falta.

La pareja del deseo: Lacan la escribió con la fórmula del fantasma $ <> a. Aquí el sujeto recibe el complemento de su ser con el objeto. Esta fórmula, liga un elemento simbólico y otro imaginario. Es la posición que el sujeto sostiene frente al semejante al precio de su fading, su eclipse por el objeto. Es la pareja del deseo en tanto el sujeto tachado, está en relación al Otro tachado buscando allí el objeto de deseo, a.

En el fantasma, el sujeto – nos dice Lacan- siempre tiene un pie en el Otro. Aquí el objeto es positivo, en la medida que el sujeto y el Otro están tachados. ¿Dónde está aquí la discordia? Consideramos que está en la creencia de complementariedad que el sujeto sostiene en la fórmula  fantasmática, que el final de análisis desbarata, sacando al sujeto del fading ante el objeto a.

La cuarta pareja es la pareja- síntoma, la pareja del goce, que Miller vuelve a escribir con la fórmula del fantasma. Pero aquí, hay una modificación del estatuto del objeto a. No se trata ya de un a imaginario sino real y plus de gozar. “Aquí se trata de la búsqueda de algo del orden del goce que hay que encontrar a partir del Otro” (4).

En los últimos desarrollos lacanianos, para dar cuenta del goce hay que agregar el cuerpo, la sexualidad, lo viviente. El sujeto deja de ser puro significante y pasa a tener relación con los objetos pulsionales y el Otro que también se vivifica, pasa a ser un Otro sexuado en el que el sujeto sigue buscando su complemento. En esta pareja, el goce está del lado del Otro y es lo que lleva a Lacan a hablar del cuerpo del Otro y del parlêtre que conlleva el goce del cuerpo. La discordia aquí, la encontramos en la imposibilidad de la relación sexual en tanto no tenemos acceso al Otro sexo más que por las pulsiones parciales.

No hay relación sexual con el Otro. Entonces vemos que del lado hombre, solo hay acceso al Otro por medio del goce y el objeto a que termina en el goce del propio cuerpo y en la mujer el acceso al Otro será por la vía del amor pero también del estrago.

La discordia entre los sexos: Una lectura del capitulo 7 Seminario 19

 EL título de estas Jornadas está tomado del Seminario 19: …solo en la discordia se funda la oposición entre los sexos, en la medida en que estos no podrían de ningún modo instituirse a partir de un universal» (5). La cita pertenece al capítulo 7: La partenaire desvanecida. Desvanecida porque el lugar de la mujer está esencialmente vacío en tanto no hay significante que la nombre.

Lacan toma la lógica proposicional, en  sus funciones de: negación, conjunción, disyunción e implicación para explicar las formulas de la sexuación.

Le da al falo una función única, diciendo que en las cuatro fórmulas, éste siempre en juego: ɸde X, está en todos lados.

Lado Macho                               Lado Hembra

El  acto sexual siempre depende de la función fálica. Pero entonces ¿si está en todos lados, en qué difieren ambos partenaries? Nos dice que la diferencia hay que buscarla en otro lado pues la esencia macho/hembra, no puede escribirse.

En este capítulo Lacan hace un desarrollo lógico exhaustivo de cada una de las formulas. Señala que del lado masculino, tenemos el universal (todos están sujetos a la castración), mientras que del lado femenino, este universal es imposible (no todas están sometidas a la castración). “La universal del lado izquierdo solo se opone al lado derecho en esto: que no hay universal articulable, o sea que la mujer con respecto a la función fálica solo se sitúa por estar no toda sujeta a ella” (6).                                                                                                                    

Ahora bien, en la medida que en el lado macho izquierdo tenemos  ɸ de X con el signo negativo encima, esto significa que hay un universal, es decir, que como allí “la función fálica no funciona, hay posibilidades de relación sexual” (7). Pero esa X no existe nos dice Lacan, por ello “ la diferenciación entre macho y hembra, entre el hombre y la mujer, depende de las posibilidades que tengamos de que haya discordia (…) en el nivel de las universales, que no se sostienen, debido a la inconsistencia de una de ellas” (8).

Es así que Lacan nos dirá que la mujer solo participa en la función fálica queriendo arrebatársela al hombre pero que eso no universaliza a la mujer pues ella esconde un goce diferente del goce fálico, llamado goce femenino.

Por último dirá que ante la posibilidad de la relación sexual, siempre nos toparemos con el Otro en calidad de ausente, el significante del Otro tachado, “el Otro está ausente desde el momento en que está en juego la relación sexual.  En el nivel de lo que funciona, es decir, la función fálica, hay meramente esa discordia que acabo de recordar” (9). Es decir que de un lado encontramos el universal fundado en una relación necesaria con la función fálica, pero del otro lado tenemos una relación contingente, pues la mujer es no toda. Este es el desvanecimiento de la existencia de uno de los partenaires, que de ese lado deja un lugar vacío, recordándonos aquí sus desarrollos sobre 1 y el 0. Por último, hace hincapie en la existencia y no en el ser.

Retomemos ahora la cita inicial de forma completa:

“La articulación precisa de los dos niveles muestra que solo en la discordia se funda la oposición entre los sexos, en la medida en que estos no podrían de ningún modo instituirse a partir de un universal. Por el contrario, en el nivel de la existencia hallamos una oposición que consiste en la anulación, en el vaciamiento de una de las funciones: la del Otro. Ese vaciamiento encierra la posibilidad de la articulación del lenguaje. Me parece que esto es lo que hay que destacar” (10).

 

Lo que el psicoanálisis dilucida de la discordia: uno para el otro es medio de goce.

Entre el hombre y la mujer está el síntoma. Otra manera de decirlo es que solo hay relación posible con el falo, con el significante, es decir, cada uno con su síntoma. Pero este síntoma, porta un goce con él.

La relación de pareja a nivel sexual supone que el Otro se convierta en el síntoma del parlêtre. El síntoma no se franquea, es con lo que se debe vivir, así entendemos el sintagma partenaire –síntoma. Pero el final de análisis muestra que hay un saber arreglárselas con eso. “Que no hay relación sexual no impide que haya una relación de goce con el partenarie-síntoma y que se formen parejas en las que uno para el otro es medio de goce” (11).

Salir de los embrollos de la discordia entre los sexos, es consentir a tener una cita con lo real. Consentir a que entre el goce Uno y el goce del Otro no hay encuentro posible. No hay relación sexual en lo real, allí impera el Uno. Más allá de la caída del objeto a del fantasma como objeto productor de sentido, la experiencia analítica confronta al analizante con aquello de su goce que no tiene sentido, el Uno de goce que itera.

Es el consentimiento a lo real, siempre por advenir, a lo imposible de la relación sexual, es decir, a la discordia entre los sexos, aunque, dejándose engañar un poco para poder encontrarse.

Al faltar una ley natural que indique al sujeto humano la respuesta a la relación entre los sexos, se produce allí un agujero. Lo que hay es lalengua y sus efectos de goce en el cuerpo. Hay la materialidad del lenguaje que impacta en el cuerpo lo que llamamos el inconsciente real. Sobre este inconsciente real, con esas cosas dichas, palabras, homofonías, resonancias, equívocos de lalangue, se construirá el inconsciente. En 1977 Lacan nos dice: “El inconsciente es un sedimento de lenguaje. En el extremo opuesto de nuestra práctica, está lo real. Se trata de una idea límite, la idea de lo que no tiene sentido” (12).  Lalangue es lo más particular de cada uno y eso no hace lazo entre los sexos.

La herejía del sinthome permite arreglárselas con la discordia.

El sinthome, es la incidencia de goce del significante sobre el cuerpo. Eso, no hace lazo. Está desprovisto de sentido, por ello es herético y real, y como dice Miller, opaco, en tanto no puede decirse lo que es. “La herejía, no es quitar el campo del lenguaje sino mantenerse ahí regulándose su parte material, es decir, sobre la letra” y no sobre el ser  La herejía lacaniana es “atender lo que el goce comporta de opacidad irreductible” (13)

El sinthome reitera el Uno de goce, que ya no es descifrable y es lo que queda más allá del pase, la reiteración en lo real del Uno del goce. Es el cuerpo en tanto ‘se’ goza como acontecimiento de cuerpo. Lo Uno existe y está en soledad, no hace pareja.

Decir que Haiuno, es decir que no hay relación sexual. Hay agujero y tras el pase, se trata de la relación con ese agujero, una vez reducido el delirio con el que creía comunicarse con el Otro.

El amor en la discordia entre los sexos.

El amor suple la relación sexual que no existe o para decirlo de otra manera, el amor existe porque La mujer no existe. El análisis permite sesión a sesión, cavar un vacío confrontando al sujeto con la imposibilidad de completar al Otro. El sujeto intentará colmar ese vacío con el amor, el odio, los celos, la soledad, el saber etc. “De acuerdo a como uno se relacione con la falta en el Otro, le irá a la hora de amar” (14).

 Cuando Lacan, en el Seminario 24, nos dice que el amor es vacío, es una manera de apartarlo de todos los imaginarios, narcisismos, identificaciones, repeticiones, infidelidades,  ideales, absolutismos y eternizaciones que pueden envolverlo. Un amor que es vacío, es un amor que contempla la falta, por lo tanto articula un deseo y entonces permite una invención.

El hombre deberá divorciarse de su casamiento con el falo que lo embrutece fantasmáticamente, pudiendo así,  acercarse a lo femenino. Y en su relación con las mujeres, que un análisis le permita  enfrentar la voz del superyó femenino para que los dichos de ese superyó, puedan ser “refutados, inconsistidos, indemostrados e indecididos”, es decir, que él sepa direccionarlos hacia el S (Ⱥ) (15).

En ella, para quien el amor es necesario en su acceso al goce, de lo que se trata es de vaciar el amor de toda completud, devastación o sacrifico, un amor que no pretenda hacer existir lo inexistente, a fin de que éste no aplaste su alteridad. Un amor invención y no repetición es un amor que no busque el deseo de ser Uno, que deje de buscarse como necesario y pase a ser contingente.

El nuevo amor será entonces un amor más advertido,  que mantiene cierto enigma, mantiene cierto no saber todo del otro, un amor que se deje engañar un poco. Consentir a ser un poco incauto del semblante para alcanzar un real.

En definitiva, un final de análisis debería apuntar a que el analizante pueda arreglárselas mejor con la pareja–síntoma, sabiendo que  el amor “es un laberinto de malentendidos cuya salida por el lado simbólico o comunicacional, no existe, pero que no por ello dejará de aprender la lengua del otro a tientas, buscando las claves siempre revocables(16). Aprender la lengua del otro.

El fin de análisis feminiza al parlêtre en el encuentro con un goce excluido de lo simbólico. Dejar de recurrir al fantasma, lo desembrolla de sus modos de defensa ante la no relación. En definitiva, tanto para el hombre como para la mujer, se trata de ver cómo construyó una mujer, bordeando lo indecible con el uso del sinthome. Quizás, esta sea, paradójicamente, la única pareja posible para el psicoanálisis, la de cada parlêtre con su sinthome.

 

Patricia Tassara Zárate

(*) Lacan J., Seminario Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, editorial Paidós, 2006, capitulo II El hombre y la mujer,  p.33-34.

(**)  Discordia: Oposición, desavenencia de voluntades u opiniones.

Discordancia: falta de correspondencia o armonía entre sonidos. Contrariedad, diversidad, disconformidad.

Etimológicamente: el prefijo dis  significa “separación” y cor o cordis,  “corazón”, es decir, separación de corazones.

Notas

  1. Lacan J., Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, S XXI, Escritos 1, Buenos Aires, 1990, p. 309.
  2. Miller J A. De mujeres y semblantes, Editorial cuadernos del pasador 1, Bs As, 1993, p. 88-90
  3. Miller J.A., El partenaire-síntoma, Paidós, BS As, 2011, p.261
  4. Ibídem, p. 268.
  5. Lacan J., …o peor, Seminario Libro 19, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012,p.104.
  6. Ibídem 100.
  7. Ibídem 100.
  8. Ibídem 100.
  9. Ibídem 102
  10. Ibídem 104
  11. Miller J.A., El partenaire-síntoma, Paidós, BS As, 2011, p.411
  12. Lacan J., Consideraciones sobre la histeria, Editorial Universidad de Granada, 2013, p.24
  13. Miller J. A. El ultrapase. Revista Freudiana 66 clase del 25 de mayo de 2011.
  14. Salamone L.D., El amor es vacío. Editorial Grama. Bs As, 2010, p.31
  15. Laurent E., Posiciones femeninas del ser, Tres Haches, Bs As, p. 107
  16. Miller J.A. Amamos a aquél que responde a nuestra pregunta: ¿Quién soy yo?, entrevista por Hanna Waar. http://blog.elp.org.es/395/amamos_a_aquel_que_responde_a_nuestra_pr/


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