LA BRÚJULA DEL SUEÑO: LOS SUEÑOS EN ALGUNOS TESTIMONIOS DE PASE | Autor: Rosa Durá Celma

El sueño es un arte poético involuntario

Immanuel Kant

Cuando descubrí estas palabras de Kant, pensé que ya tenía título para este trabajo, pero tras pensar un poco me dije, ¿solo? ¿Por qué, además del sueño como poiesis –es decir, creación, producción– no considerarlo como resorte, en tanto mecanismo que libera algo o hacia algo, por qué no pórtico, pues no pocas veces supone el pasaje a un nuevo trabajo en el análisis, por qué no destacar su condición de intérprete o su carácter opaco, enigmático y, a la vez, el hallazgo y la sorpresa con que sorprende al analizante en numerosas ocasiones? Solo después de leer una buena cantidad de testimonios de pase, me decidí para el título por uno de ellos, uno que no había contemplado: brújula.

El objeto de mi trabajo no era rastrear el valor de los sueños en casos clínicos, sino en los escritos de esos particulares analizantes que son los AE. Por lo que llevo rastreado en los testimonios puedo ya afirmar que la presencia de sueños en ellos es inmensa. Lo hemos dicho muchas veces: el valor de los testimonios de los Analistas de la Escuela reside en el esfuerzo de transmisión de lo que cada uno de ellos considera crucial en su cura analítica, y una de las vías de esos logros son los sueños, que introducen cambios de posición, puntos de viraje, transformaciones del síntoma, caída de identificaciones, vislumbres del objeto, atravesamiento del fantasma que permite una lectura del goce implicado en él, efectos interpretativos o de convicción, conclusión del análisis y, finalmente, la entrada en el procedimiento del pase. Hacia todas estas metas, como si de pequeños nortes se tratara, se dirige el analizante, lo sepa o no.

El camino de un análisis es largo y está atravesado por sueños de los que el AE hace una selección: unos sueños invitan a asociar, al desciframiento, sin embargo encontramos otros que constituyen productos de una escritura, o lo que es lo mismo, no llaman a un trabajo de elaboración.

En lo que sigue abordaré cuatro testimonios de pase: Hélène Bonnaud, Guy Briole, Paola Bolgiani y Patricia Tassara (no íbamos a perder la ocasión), los sostienen.

Hélène Bonnaud, en un testimonio de 2012, recoge el sueño que la precipitó a finalizar un segundo análisis, articulado al atravesamiento del fantasma, no el último, que vincula con el final por el sinthome. Bonnaud manifiesta la tensión que la habitaba por concluir y alcanzar, como ella misma expresa, “un final lacaniano de la experiencia”. Esa tensión basculaba entre el tormento y el suspense, con la consiguiente angustia.  En el sueño hay un nombre propio que se escribe “REVOL”. Una intervención del analista le devuelve en forma interrogativa este nombre, queriendo relanzar la maquinaria asociativa (Revol puede traducirse por ‘volver a dar un vuelo’), intervención que invitaba al campo del sentido, a un nuevo recorrido por el descifrado al que, en esta ocasión, la analizante se negó a entrar. “El sueño, nos dice, ya no presentaba una vertiente de goce-sentido”. Este final de análisis que implicaba para ella no volver a presentarse al dispositivo del pase, tuvo efectos negativos que solo más tarde descubrió. Lo importante para lo que nos ocupa es que el atravesamiento del fantasma en este caso le permitió leer el goce implicado en ese escenario, es decir, para el caso, quedar fijada a una identificación al analista como objeto perdido frente al saber perdido, consecuencia del fantasma atravesado (“se pierde un niño”) y de su posición negativa con respecto al pase. La frase del fantasma “se pierde un niño” se metaforizó en “se pierde su análisis”. Esto produjo una fijación al goce. Es por esto, que la autora considera que este final de análisis tuvo efectos negativos.

El sueño que Patricia Tassara califica de fundamental le permite cernir algo del objeto (el escópico) y ponerla a trabajar sobre el par madre-mujer, así como iniciar un camino orientado por la castración de un Otro completo. Para la AE, el ‘ser madre’ estaba articulado a una identificación fundamental portadora de un goce mortificante. El sueño de la analizante consta de dos partes, en la primera la soñante cae en un profundo pozo (el verbo es aquí significativo), y en la segunda, se encuentra acostada en la cama matrimonial, cama desde la que advierte elevarse una enorme virgen que la mira con odio; es la cara de su madre con “una mirada maldita que la petrifica”. En sesión dirá que no podía dejar de mirar ese muerto-viviente. La madre se traga a la mujer. Momento en que se inicia un nuevo trabajo de elaboración. A este sueño se suma un recuerdo infantil que recupera otro tipo de mirada, contrapunto de la maldita, una mirada amable que aligera la mirada superyoica, permitiendo abordar su goce. Al final del recorrido, la analizante puede hallar otra mirada, esta vez “bien-dicha”, mirada que incluye palabras que bordean el objeto y la hacer reír.

Aun siendo este sueño en dos parte el sustancial del testimonio, todavía recoge la reconstrucción de dos sueños más: uno en el que se evidencia que la identificación mortificante a la maternidad ha perdido fijeza, con efectos desangustiantes; y un sueño de angustia en el que se ponen en serie maternidad, caída y muerte. Este sueño sí es portador de angustia y en él el sujeto descubre un goce imposible de tratar, al menos en ese momento. Concluyo con este testimonio subrayando precisamente la presencia o ausencia de la angustia en los sueños, algo que se advierte en muchos otros testimonios.

El testimonio de Paola Bolgiani está repleto de sueños. El primero de ellos remite a la analizante al síntoma que había iniciado la cura y también a focalizar la escena desde la que se había desentrañado su neurosis infantil. En el sueño destaca la figura de un canguro que la lleva a asociarla con una frase: “como de modo obsceno”, lo que le permite captar la dimensión de goce del síntoma.

Una serie de sueños le abren la vía para pedir el pase, el más significativo, pues es el que resulta elegido para figurar en el testimonio, es aquel en el que, en una asamblea de la AMP, la soñante debe cantar ante la multitud, desplegar la voz. Las asociaciones derivadas de ese sueño y una intervención del analista precipitan la demanda de pase.

La última parte del testimonio ofrece un torrente de elaboración onírica, siete breves sueños que conducen al sujeto al final del análisis.  Hay algunos que presentan angustia, un malestar vinculado a algo horrible de aceptar que ponía el foco en la unión entre deseo y goce, sueños descarnados, próximos a lo real alrededor de la bella figura de un niño y su lado obsceno y monstruoso; otros sueños hacían presente la dimensión de un goce no todo fálico, con el enigma del goce femenino de fondo y en el que descubre la extraña que hay en ella misma. Finalmente un sueño tras el que estaba la caída del objeto irrepresentable del que su analista se había prestado a hacer semblante durante muchos años, y otro que supuso la respuesta a una pregunta surgida en la entrevista con la responsable del secretario del pase. Este último sueño da cuenta de un importante desplazamiento: el peso en el corazón que la había perseguido durante años se convierte en una nueva alegría: “Se puede amar”, se puede incluir en el corazón del amor aquel horror que ha estado siempre en el corazón del propio ser.

Y por último, la serie de sueños que marcaron el fin de análisis de Guy Briole. En uno de ellos dos figuras se deshacían; un saber se perdía y daba lugar a una superficie cubierta de inscripciones: letras, caligrafía desconocida, litoral que bordea un agujero. Más allá de la lengua, o en el límite de ella. Un segundo sueño acompaña al primero; en él el sujeto se dirige a alguien en otra lengua, una lengua nueva con una voz liberada, liberada del objeto y separada del goce que la acompañaba. Una voz, concluye, propia para el testimonio.

En estos cuatro testimonios encontramos multitud de material onírico; los AEs los seleccionaron para que figurasen en ellos; índice de momentos cruciales. Algunos invitan a la elaboración, a continuar por la línea de sentido, otro no; unos cuenta con la interpretación del analista, otros con su silencio; algunos versan sobre el fin del análisis que en unos casos se impone al analizante; otros apuntan a la satisfacción encontrada al final del análisis, en términos de arreglo con el goce, donde lo real es tratado mediante alianzas singulares con el núcleo inmodificable del goce.

Miller calificó lo real como un sueño de Lacan, un real que para él no era el real científico, sino el de la sustancia gozante.[1] Algo de ese real es el que hemos visto en este recorrido que concluirá con el señalamiento de una serie de cuestiones que bien podrían constituir vías de investigación, de reflexión y de discusión.

Marie-Hélène Brousse[2] introduce interrogantes sobre el lugar de la interpretación en los sueños de los testimonios, es decir, que el sueño en los testimonios “interpreta, no es interpretado”, y añade que el sueño se convierte en analista: “Cuando se trata de formación del inconsciente y de efecto de verdad, un sueño siempre será mejor que un analista”.

Por su parte, Alicia Yacoi[3] sostiene que de los sueños en la conclusión del análisis los pasantes extraen consecuencias conclusivas. Sueños que no tienen como correlato la sorpresa del sujeto, sino que permiten llegar a una conclusión que se deja leer, por lo se deduce que están vinculados al acto.

Una tercera y última observación, y es algo que ya he señalado, es lo que Frida Nemirovski[4] recoge en su escrito “Un soñar sin angustia. Consecuencias clínicas”, donde la autora postula que los sueños sin angustia al final del análisis es lo que le permite a ella, y a otros AE, dar por terminado su análisis, como una especie de indicio o condición. Es decir, sueños que sostienen al gran Otro y sueños en los que el Otro ya ha caído y el sujeto se desanuda del cerco que el sentido de la novela neurótica le ponía, y esto es sin angustia.

[1] Eric Laurent, Hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpo. http://blog.elp.org.es/982/hablar-con-el-propio-sintoma/

[2] Brousse, M.-H., «Algunas observaciones sobre la interpretación a partir del Cartel del Pase», Enseñanzas del pase, Buenos Aires, EOL (Colección Orientación Lacaniana), 1997.

[3] Yacoi, A., “Sueños en la conclusión de los análisis”, Mediodichos, 24, 2002. Yacoi, A., “Sueño y fin de análisis, una producción, Brisas clínicas: sueño y final de análisis, L. Ávola, A, Cucagna (eds.), Buenos Aires, Grama Ediciones, 2012.

[4] Nemirovsky, F., “Un soñar sin angustia. Consecuencias clínicas”, Pase y transmisión 7, VV. AA, Buenos Aires, Grama, 2004.


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