CAMPO FREUDIANO AÑO CERO | Autora: Gabriela Alfonso

He escogido un aspecto  que me parece fundamental de la conferencia de Laurent: el racismo moderno es el odio a la manera en la que el Otro goza.  Tomando el seminario de JAM, “Extimidad”, en donde se dice que el odio apunta a lo real en el Otro, odio al goce del Otro. Se odia especialmente la manera particular en que el Otro goza. En el Seminario de la ética Lacan dice “el goce de mi prójimo, su goce nocivo, su goce maligno es lo que se propone como verdadero problema para mi amor”. Se quiere amar al prójimo como a uno mismo, pero sobre todo cuando está lejos.

Yo quiero el bien de los otros, pero siempre y cuando siga siendo a imagen del mío. La clave de la intolerancia está en que cuando el Otro goza me está robando mi goce, porque que otros gocen de otra manera supone que no todo el goce me pertenece. Ahora bien, si el Otro está en mi interior en posición de extimidad es también mi propio odio. La raíz del racismo es el odio al propio goce. Y en el horizonte, la castración.

En el Seminario VII Lacan explica cómo se crea el primer exterior. La Cosa, das Ding, aparece como extranjero. Para Freud das Ding, es el Otro primordial sin significación. En el texto freudiano encontramos la expulsión de lo primordial, que desde ese momento es considerado como lo exterior, aquel famoso “no yo”.

El racismo que da pié a tantas consecuencias nefastas tiene ese “simple” origen. Expulsión de la Cosa como algo odioso, a partir de ahí ese goce se atribuye al Otro exterior, y se le persigue con ahínco, cuando en realidad lo que estamos odiando es nuestro propio goce.

En Freudiana nº 1 hay un monográfico sobre el racismo. He encontrado allí una entrevista a C. Soler y un texto de H. Tizio, que me han ayudado a entender la cuestión. Ese número de la revista está publicado algunos años después de que JAM dictara “Extimidad” y se ve como se apoyan ahí para explorar la diferencia de diversas maneras.

Por ejemplo, C. Soler responde que no hay racismo sin discurso, pero que concierne a lo que en el discurso no es lenguaje. El racismo sigue la lógica del todo, todos los musulmanes… todos los inmigrantes… Por eso odiar el goce del Otro es rechazar la diferencia. Hay un tema importante a señalar. El racismo moderno apareció al mismo tiempo que el capitalismo.

H. Tizio comenta un abordaje positivo de la diferencia como exotismo. Ahí la diferencia es bien recibida porque se trata de la fantasía de un goce lejano sin pérdida. Por otro lado comenta que la xenofobia es de siempre. Licurgo ya hablaba del “pérfido extranjero”. Entonces, el extranjero de lejos, voluptuosidad exótica. Pero de cerca, pérfida intromisión.

Con unas palabras de H. Tizio doy lugar a otro aspecto que recojo de la conferencia de Laurent: Lo que dice ella es que la dimensión misma de la democracia se asienta en el margen de la diferencia tolerada. Está escrito hace cerca de 30 años. Mucho antes de las migraciones masivas que han tenido lugar en los últimos 20 años.

La presentación del Foro de Milán por Marco Fochi recogía el pensamiento de Stefan Zweig, donde se mostraba que para viajar por Europa, en ese mundo de ayer, no hacían falta pasaportes. A comparar con la Europa de hoy.

Hay algunos trabajos preparatorios del Foro que quiero recoger. El texto de O. Ventura, “Las raíces del odio” señala que neofascismo o ultraderecha son maneras de nombrar el odio. No es tan fácil que la democracia contrarreste la generalización del odio porque se produce en su marco y a veces en su nombre. Y advierte  que se trata de bordear el agujero de lo real, sabiendo que cualquier estabilización que se produzca es transitoria.

Coincide con V. Palomera en que la política no tiene poder ya. La globalización la han producido los mercados destruyendo diferencias y modos de goce (Palomera) y lo que aparece como política es una burocracia fagocitada por el discurso circular del capitalismo (Ventura). La destrucción de las diferencias y los modos de goce bien podrían encontrarse a la base del descontento popular. No solamente la crisis económica (yo). Cuidado con el cansancio hacia la política o los políticos; es el caldo de cultivo de los totalitarismos.

Con toda seguridad las elecciones europeas van a mostrar  la influencia de muchos de los aspectos que nombramos hoy. Europa está afectada por los nuevos factores en juego y el uso que los partidos hacen de ello decidirá la composición del Parlamento.

Voy a comentar un artículo leído en el Magazine del Levante, 27.01.19, firmado por Esteban Hernández. Se trata del desembarco de Bannon en Europa. Fue jefe de campaña de Trump, y posteriormente despedido por su jefe. Es un exbanquero con una idea fija de cómo ha de ser el mundo y dispuesto a hacer lo posible por transformarlo.

Trump ha hecho movimientos para fragmentar Europa para negociar acuerdos con los países por separado. Es obvio quien impondría sus intereses al otro. EEUU como superpotencia contra cualquier país de Europa. Es por esto que no quiere una unión Europea. Bannon,  con su  grupo político “The Movement”,  pretende fomentar una insurrección populista al estilo de Trump. Pretende reunir los grupos europeos de ultraderecha o al menos euroescépticos para formar una fuerza política que sería la 2ª o la 3ª fuerza en el Parlamente Europeo. Es más, quiere crear una internacional de la ultraderecha.

No lo tiene del todo fácil. Él a golpe de talonario quiere financiar a los partidos ultra, pero las leyes de los países europeos lo prohíben. Y tampoco cae simpático a los votantes ultraconservadores. Sin embargo la popularidad de las derechas ha aumentado mucho a través de las redes y de las fake news.

En el futuro se divisan parlamentos fragmentados y gobiernos inestables. La esclerosis de los partidos tradicionales no ha dado respuesta a los problemas de la gente. La aspiración de Bannon no es ganar la selecciones, pero sí, a modo de empresa (como la política de fondos activista), hacerse con una cantidad de fondos/electores y desde allí influír sobre conjuntos mayores.

Esta política pretende dividir, fraccionar y de esta manera influir en las decisiones al modo de Vox en Andalucía.

He escogido otro artículo, esta vez de Eric Vuillard en “El País”, 10.2.19, que trae un aire ligeramente diferente. Él dice: la democracia representativa contiene en sí misma una discordancia; surgen dos grupos: el pueblo entero es uno de ellos. Sus representantes es otro.

Por eso lo novedoso del movimiento de los chalecos amarillos es que se trata de un grupo heterogéneo, que tiene en común oponerse a que unos pocos gobiernen y se llenen de privilegios. Este antagonismo ha venido a sustituir a la lucha de clases. El pequeño grupo de gobernantes y privilegiados no comparte los intereses con el pueblo. (parece una obviedad, pero entiendo que se desliza el significado).

Montesquieu enseño como primera lección que la tendencia es que aquel al que se entrega el poder, abusa de él. Los chalecos amarillos reivindican otras formas de democracia y más igualdad. La descentralización de las decisiones.

E. V. es optimista. Cree que de esta llamada pueden surgir nuevas formas de entendimiento.

Gabriela Alfonso

6 de Marzo, 2019


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