SUEÑOS DE ESCUELA: CAUSA Y TRABAJO ¹ por Rosa Durá Celma

 

Lo primero que tengo que decir es que yo nunca había trabajado este texto de Lacan. Un texto considerado fundamental por los coordinadores y que me resulta difícil a la vez que estimulante. Y esto es así no solo por lo que este escrito dice, sino por la propuesta de este año, a saber, la de articularlo, ponerlo en tensión con el deseo del analista, no tanto en el marco del dispositivo, sino en relación a la Escuela. Digo tensión y digo bien porque estar hoy aquí para decir lo que he de decir ha supuesto para mí un considerable esfuerzo, acepción esta, la de ‘esfuerzo’, que el DRAE recoge como una de las definiciones de la palabra ‘tensión’.

Texto fundamental que se topa, en la proposición de este curso, con un concepto, el de Escuela, considerado por Miller (2011, p. 233) como fundamental, y por tanto entrando en la serie de repetición, inconsciente, transferencia y pulsión. Como concepto, pues, es susceptible de abordarse desde un enfoque teórico, es un objeto del saber, y la bibliografía es extensísima. Pero como el saber libresco obtura al sujeto de la verdad, he querido salirme de, como suele decirse ahora la zona de confort y, sin dejar de lado algunos textos y referencias, he querido tomar como eje de mi exposición y reflexión mi propia experiencia y opinión actual, con el convencimiento absoluto de que no son ni mucho menos inmutables.

El año pasado, cuando trabajé para este espacio aprendí mucho. El texto “La dirección de la cura” en relación con el deseo del analista, su formación y el control suponía para alguien como yo, que se había autorizado hacía menos de dos años, un tema axial en tanto que la pregunta en torno a qué es un analista, cómo opera en la cura y qué deseo le mueve había emergido hacía poco y, de alguna manera, como analista que se había dado autorización para llamarse analista, estaba íntimamente implicada en el tema. Autorización que, vaya por delante, coincide en el tiempo con la demanda a la sede de ser socia. En esta ocasión, la implicación no es menor y, no sabría decir, si no es más arriesgada. Y lo veo así en tanto que yo no soy miembro de la ELP, si no socia de una de sus sedes, y subrayo el genitivo que indica la preposición ‘de’ (posesión o pertenencia), sin quitarle importancia al posesivo ‘su’.

Para enfrentarme al trabajo lo primero que se me hizo evidente, claro, fue mi condición de socia o, si se quiere, mi condición de no-miembro. Sí, por su puesto, alguna vez me había planteado la cuestión de pertenecer a la Escuela, sin embargo ha sido ahora cuando he tenido, bueno, he deseado cuestionarme esto con mayor profundidad.

Porque si antes la primera razón que acudía al pensamiento –al sujeto de la ciencia–era el coste económico que implica ser miembro, ahora no he querido quedarme anclada en esa razón, he querido ir más allá, si bien la cuestión pecuniaria no carece de importancia, porque a mi modo de ver, por muy decidido que sea un deseo, también el del analista, existen límites, no sé si en lo real, pero sí en la realidad. Ir más allá significaba un esfuerzo y el gesto de exponerme. Entonces, para poder traspasar la justificación económica me hice la siguiente pregunta: “Si yo tuviera (me decía) la sala de espera de mi consulta llena, si dispusiese de la solvencia económica para ello, si pudiese –me permitiréis la broma– tomar un taxi cada vez que me voy tarde de la sede sin tener que reparar en si pierdo el último autobús, ¿demandaría a la Escuela que me aceptase como miembro?”

Los que me habéis escuchado varias veces os habréis percatado de que siempre digo algo en relación a que el saber es provisorio; lo que aquí voy a sostener está sujeto a la contingencia del hic et nunc, del aquí y ahora. Por eso, y porque al acercarme a la historia política de la Escuela (lo que he hecho fundamentalmente a través de El banquete de los analistas) he visto que su dificultad no le va en absoluto a la zaga a la enseñanza de Lacan, por eso, digo, os pediría que no dudéis en puntuar lo que consideréis oportuno en la medida que sea posible. Lejos de molestarme, estaré encantada de ampliar o modificar lo que ahora creo saber porque como dice Miller “cuando nos entendemos demasiado bien juntos, no se produce saber” (Miller, 2011, p. 94).

Después de esta especie de advertencia, introducción o declaración de intenciones, que todo esto es lo que hasta aquí he dicho, comienzo.  

Para Lacan en la práctica llamada científica no debe existir ninguna condición que trate sobre la pureza del alma, esto es ya una manera de enlazar la posición subjetiva con el tema del deseo del analista, la ‘x’ para que este pueda operar de manera correcta (Miller, 2011, p. 129). En el texto que nos ocupa, la verdad no es un efecto significante, sino causa. La posición subjetiva y el deseo del analista están anudados de un modo particular. En el dispositivo, el deseo del analista es contrario al horror al saber, que solo se mantiene porque posee una causa, el analista incita al trabajo al analizante para que venza el horror al saber y emerja un deseo de saber (Miller, 2011, p. 265). Lacan en “La ciencia y la verdad” lo dice así (y este es el fragmento que he seleccionado del texto): “Este recordatorio no carece de pertinencia, puesto que el médium que va a servirnos en este punto, ustedes me han visto traerlo hace un momento. Es la causa: la causa no categoría de la lógica, sino causando todo el efecto. La verdad como causa, ¿ustedes, psicoanalistas, se negarán a asumir su cuestión, cuando es de allí de donde se levantó su carrera? Si hay practicantes para quienes la verdad como tal se supone que actúa, ¿no son precisamente ustedes” (p. 847). O lo que es lo mismo, el objeto del psicoanálisis es el objeto a (p. 842). Pero ¿cómo tomar el deseo del analista en su relación con la Escuela? También ahí hay una causa implicada, la analítica, que es donde quería llegar puesto que es la Escuela la que aloja esa causa, es ella ahora la que pone a sus miembros a trabajar; es el llamado al trabajador decidido. Y un pasaje similar advierto en relación al final de análisis: “De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables”, dice Lacan en el texto (2005, p. 837), y más aún cuando el sujeto, tras un análisis, asume que el Otro no existe y pone sus ojos en la Escuela que, como dice Enric Berenguer en su comunicado como nuevo presidente de la ELP “toma el relevo”. Esta cuestión va sin duda de la mano con la caída de la transferencia al analista al final del análisis que se convierte, o es susceptible de convertirse, en transferencia de trabajo, en transferencia a la Escuela, porque es precisamente el S(Ⱥ) el que empuja al trabajo de Escuela. En este sentido Miller nos dice que la transferencia de trabajo puede ser considerada una inducción, el llamado al trabajo del que hablaba antes, y a este llamado responden los AEs, sí, pero no solo ellos, aunque tratándose de la Escuela del Pase el foco esté muy puesto en la labor que hacen (en el pase se produce un desplazamiento de la verdad al saber). De otro orden, pero también trabajo, es el que en las sedes de la Escuela se realiza, espacios como este donde se trabaja y se incita al trabajo, donde se toma a cargo la formación que la Escuela debe dispensar (“Acto de fundación”). Miembros y no miembros (socios) unidos por una verdadera transferencia de trabajo.  Al llamado al trabajo responden no-todos los miembros; responden no-todos los socios, y lo hacen alrededor de un lugar vacío, un saber abierto, sin punto de sutura. A la Escuela se va con el cuerpo, uno se desplaza hasta su sede (en taxi o no) y se encuentra con otros, con el uno por uno que no forma grupo (al menos idealmente), se acude y se está en posición de analizante porque aquí toca ponerse al trabajo, no sostener el acto. Hay un riesgo en ello, que hay que hablar.

En los primeros pasos de mi reflexión en torno a esto, esperé incautamente encontrar algún texto, algún testimonio, alguna referencia que hablase, por ejemplo, de la condición de socio.  Pensé también que, al igual que es posible leer algo en relación a cómo aparece en un analizante el deseo de la autorización, algo que siempre es del orden del uno por uno, podría también pesquisar algo sobre qué hace que un sujeto establezca un lazo con la Escuela. Tampoco he encontrado nada, excepto un texto de Anna Aromí en el que habla sobre el recorrido que le llevó, no sin vicisitudes, a la Escuela. Ante este agujero, indagué sobre el lazo que me une a mí, sino a la Escuela de forma directa (como miembro) sí a una de sus sedes (de forma muy directa tal y como yo lo vivo), y es por eso que antes marcaba el genitivo que indica pertenencia.

En mi desarrollo hay dos significantes que se repiten. No es un recurso retórico, tampoco demérito expresivo falto de sinónimos, son dos términos que he querido poner en valor puesto que en los dos, aunque no solo, está parte de la respuesta que me doy. Causa analítica y transferencia de trabajo. Si bien este último es un rasgo particular que me ha acompañado desde siempre, ambos cobran todo su sentido en la experiencia de análisis. Un análisis produce un analista, pero no solo eso, o mejor dicho, causa más que eso, causa la creencia en la experiencia. Yo entiendo así la causa analítica, lo que promueve, lo que origina el psicoanálisis es lo que este es capaz de mover en un sujeto. El psicoanálisis es el invitado principal en ese banquete de los analistas, y yo no me olvido nunca de ello. Trabajar por la causa y para la causa, transferencia de trabajo, ahí están provisionalmente mis respuestas, pero más allá del saber que se puede adquirir y más allá del saber que dispensa la Escuela ¿qué hay? Porque veo a miembros de la Escuela con la mirada puesta en la causa, veo a miembros de la Escuela como trabajadores decididos, pero también veo a no miembros en esa posición. ¿Entonces? ¿Sigo sin respuesta? ¿O es esa la respuesta? ¿Por qué ser miembro de la Escuela?

Lacan consideró que la verdad no está en el ser sino que vagabundea en lo que se considera menos verdadero en esencia: el sueño, en la agudeza, en el azar y no en su ley, en su contingencia (“La cosa freudiana”, Escritos 1, p. 393), y Miller, más recientemente, en Un esfuerzo de poesía (2016, p. 29), sostiene que la verdad es cercana al enigma. Me sirvo de ambos para continuar sin obturar al sujeto de la verdad, si es posible.

 El deseo de analista me sobrevino, emergió, fue algo del orden de la precipitación, pero, de nuevo se me escapa la razón de su aparición, la causa, por así decir. Continúa habiendo una ‘x’ para mí, no obstante hay un murmullo sordo de fondo que me dice que, de alguna manera, ese momento tan importante está en relación con la Escuela. Simultáneo al tiempo de la autorización, y enredada en la preparación del lugar en el que recibiría a los analizantes, tuve una serie de sueños que ahora, a posteriori, se han resignificado. Sueños poco elaborados, a decir verdad, vaciados de anécdota, de detalle, pero en los que me veía en la sede, junto a miembros de la Escuela. Nada más. Una serie de noches en las que visitaba la sede en sueños. Solo eso.

Dice Anna Aromí, en el texto que mencionaba antes, que la Escuela supone una experiencia libidinal para cada uno de sus miembros. También dice que hay un trabajo por hacer para que se conozca y reconozca las consecuencias que tiene pedir la entrada a la Escuela.  A mí me gustaría que se hiciese ese trabajo.

Hacerme estas preguntas, exponerme aquí o en otros espacios forma parte de mi formación de analista, una formación que concibo perpetuamente no concluida, no obturada por ningún saber o identificación, desligada del significante del ideal (ideal de grupo, de Escuela, de fin de análisis, de transmisión). Frente al sujeto de la ciencia que sutura, es posible el sujeto lacaniano, el que hace del agujero, del vacío su causa. Junto al trabajo y la causa analítica está para mí ese lugar en el que no se estrangula la singularidad y en el que se preserva ese agujero.

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En el registro de lo ético se encuentra el querer ser, el lugar de lo que se pide realizar. Uno de los nombres del querer ser es el deseo, aunque también se lo puede llamar intención, demanda e incluso pulsión (Miller, 2011, p. 115). Quizá está ahí mi condición de futuro miembro. La verdad siempre aparece como una falta de saber, y he aducido razones, razones que me relacionan con la Escuela (transferencia de trabajo, causa analítica, querencia por lo incompleto). Quizá el deseo de ser miembro de la Escuela me sobrevenga, emerja de repente: el tiempo para que el socio formalice la demanda a la Escuela es un tiempo no sujeto a lo universal. No sé si ocurrirá lo mismo que con la autorización, hay una falta de saber ahí, quizá porque, precisamente, ahí hay verdad, Gracias.

 

[1] Texto presentado en el espacio Textos Fundamentales, coordinado por Magdalena Climent y Francesc Roca. Su contenido, por tanto, hay que enmarcarlo dentro de un trabajo en progreso y de un debate abierto (Enero de 2017

BIBLIOGRAFÍA

Aromí, A., La Escuela, una experiencia de lo real, Virtualia, 28, 2014, en:

http://virtualia.eol.org.ar/028/Ficcion-real-y-pase/PDF/La-Escuela-una-experiencia-de-lo-real.pdf

Berenguer, E., Alocución del presidente de la ELP, en: http://ampblog2006.blogspot.com.es/2016/12/alocucion-del-presidente-de-la-elp.html

Lacan, J., “La ciencia y la verdad”, Escritos 2, BB.AA, Siglo XXI, 2005, pp. 834-856.

Lacan, J., “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en el psicoanálisis”, Escritos 1, BB.AA, Siglo XXI, 2005, pp. 384-418.

Marco, Z., “El consejo de Lacan sobre cómo acercarse a la verdad”, en: https://zacariasmarcopsicoanalista.com/personal/articulos/el-consejo-de-lacan-sobre-como-acercarse-a-la-verdad/

Miller, J.-A., El banquete de los analistas, BB.AA, Paidós, 2011.

Miller, J.-A., Un esfuerzo de poesía, BB.AA, Paidós, 2016.

 


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