Jornadas de la ELP

XVIII Jornadas de la ELP

La discordia entre los sexos

A la luz del psicoanálisis

Discordia, etimológicamente, remite a desavenencia sentimental, son los corazones en desacuerdo, en conflicto. Es una palabra que se acomoda a la inmensa variedad de complicaciones propia de la relación entre los sexos para quienes habitan en el lenguaje.

Ellos –a diferencia de los demás seres vivos sexuados– no disponen del programa natural que indicaría de manera certera y definitiva qué objeto les correspondería. Por otra parte, tampoco basta con lo real de su anatomía para concluir sobre el sexo que cada uno pueda alcanzar a atribuirse.

Es cierto que por la anatomía son identificados niños o niñas al nacer pero, como decía Lacan, “el ser sexuado no se autoriza sino de sí mismo”1, esto es, la clasificación del Otro no le impide elegir pero, aún cuando acepte alinearse con uno de esos significantes, nada implica que alguien de la categoría opuesta le sirva como partenaire.

A falta de determinación instintiva, los hablantes recurren al lenguaje para organizar su sexualidad. Así, Freud concibió el falo –fruto de la cooperación entre lo imaginario de la diferencia de los cuerpos y lo simbólico de la ley paterna- como el operador que ordena lo real del sexo y orienta la elección de partenaire: ellos queriendo usar el suyo como el padre –pero sometidos al temor de perderlo imaginaria o simbólicamente- y ellas aspirando a conseguirse uno de derecho –pero con envidia y resquemor por su supuesta inferioridad. Cualquier real anterior quedaba perdido para siempre.

De este modo, el hombre se inclinaría por la mujer y la mujer por el hombre pero debido, exclusivamente, a la relación que cada uno mantiene con el falo y que se declina entre tenerlo o serlo, con el apoyo de los semblantes para construirse un parecer que presentar al mundo. Desde esta vertiente fálica, no hay relación sexual sino relación al falo.

Sin embargo, ya Freud percibió que la mujer escapaba por una parte a esa lógica del falo; ella tenía un toque misterioso, un algo que fluctuaba entre inquietante y maligno.

1 Lacan J., El Seminario, libro 21, Los no incautos yerran, Lección del 4 de abril de 1974, inédito.

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En realidad, su intuición retomaba lo que se viene arrastrando desde el origen de los tiempos: sea en el Olimpo de los dioses –donde Eris arrojó la manzana de la discordia al mundo, desencadenando la guerra de Troya– sea en el paraíso terrenal, donde Eva mordió la manzana y tentó a Adán a saltarse la ley que Dios había instituido con la palabra, empujada por un goce más allá del significante.

Fue Lacan quien, retomando la intuición freudiana y renunciando al predominio de lo simbólico, formuló que hay un real indomable, que no se puede atrapar con el significante y que satisface al cuerpo. Con la particularidad añadida de que ese goce es, siempre y exclusivamente, del propio cuerpo, por lo que tampoco conlleva ningún apareamiento entre dos, no es causa de relación entre dos. En consecuencia, también desde esta perspectiva nos topamos con que no hay relación sexual, no hay complementariedad de los sexos.

Si ese goce del cuerpo es más accesible a la mujer es porque su menos fálico la deja más cerca de lo real, mientras que el hombre, en general, está abotargado de falo, sometido a él. El no todo fálico que implica la feminidad se presenta como inquietante para el poder de lo simbólico, para el poder fálico que supuestamente detenta el hombre por poseer el órgano de la copula. Así, el rechazo a lo femenino, en todas sus manifestaciones – violencia, desprecio, sometimiento, anulación, degradación– revela ser, simplemente, rechazo de lo real. La discordia está servida.

Desde este punto de vista, la relación de pareja en lo que respecta al encuentro de los cuerpos consiste, para cada uno, en abordar a su partenaire como medio de goce, esto es, hacerle ocupar el lugar de síntoma. Y sabemos bien que las relaciones con el propio síntoma no son pacíficas ni necesariamente placenteras.

Por suerte, está el recurso del amor, al que Lacan atribuyó una función digna: ser suplencia de la relación que no existe. Porque hacer el amor trasciende la procreación y el apareamiento, y sobre todo, pretende trascender el goce autístico. Con el amor, dos cuerpos pueden verse llevados a sobrepasar lo contingente de un encuentro ocasional para soñarse como mutuamente necesarios.

Lacan se preguntaba si el ser hablante lo era a causa de lo ocurrido con la sexualidad o si, por el contrario, eso le ocurrió a la sexualidad porque él es un ser hablante. Nunca respondió su pregunta. Nos dejó la paradoja que conlleva habitar el lenguaje: permite un margen de maniobra muy superior a aquel del que disponen el resto de vivientes pero, al mismo tiempo, introduce una complejidad relacional sin parangón. Los parlêtres somos, en este sentido, una especie única.

¿Qué esperar de un análisis respecto a todo esto? Un psicoanálisis es la experiencia donde el ser hablante puede elaborar, aislar y volver legible la escritura del modo de goce que para él prevalece, abriéndole así un cierto grado de libertad.

Y también puede facilitar el acceso a un nuevo amor –lejos del amor narcisista y absoluto que hace que la discordia tome la forma del estrago, del sacrificio o del homicidio– un amor advertido que contemple la falta y la diferencia.

Estas y otras cuestiones serán tratadas desde la clínica psicoanalítica como síntomas de nuestra civilización en las XVIII Jornadas de la ELP.

XVI Jornadas de la ELP

11-12 Noviembre 2017
XVI Jornadas de la ELP

 

"Yo soy..", "Todos somos..."

El psicoanálisis ante las nuevas identidades



 

Vivimos en la actualidad una efervescencia de los fenómenos “identitarios” que se producen a muchos niveles, distintos, aunque articulados.
 

En el plano político, esto se pone de manifiesto con el auge de identidades nacionales y religiosas, tanto en Europa como en EE. UU, que no pueden reducirse a un retorno de lo mismo pues encontramos en estos movimientos características nuevas.

 

Por otro lado, las “etiquetas” forman parte de lo cotidiano. Tanto desde los medios de comunicación y las redes sociales, como desde las burocracias políticas, surgen nombres, categorías, diagnósticos frente a los cuales los individuos contemporáneos se ven empujados a elegir. Se les proponen engañosamente estos significantes como una forma de nombrar su particularidad, en un movimiento que borra toda singularidad. El psicoanálisis, sin embargo, apuesta por la singularidad, por la manera en que cada cual es susceptible de encontrar su lugar en el mundo.

 

Identidades de género, identidades nacionales, identidades colectivas frágiles que duran el instante de un fenómeno de masa evanescente; diagnósticos que se multiplican y pretenden conferir identidades ligadas a condiciones o enfermedades del cuerpo, todo ello muestra una multiplicación de la noción de identidad. Como si se tratara de un intento de respuesta al imperativo “¡Identifícate!”, observamos en la clínica una búsqueda afanosa de nominaciones muy diversas que, adquieren a menudo la forma de una reivindicación o de un reclamo de reconocimiento: “Yo soy…”, ”Todos somos…”.

 

Ahora bien, el psicoanálisis revela que la identidad, lejos de ser una, está conformada siempre por una variedad de identificaciones. Freud sitúa la identificación como “la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona”
[1]. En efecto, las primeras identificaciones, en las que el Otro cumple una función primordial, son constitutivas del sujeto e inconscientes. La clínica con niños nos enseña su importancia.
 

El concepto mismo de identificación se basa en el cuestionamiento de la identidad y muestra que aquello en lo que el sujeto se reconoce -su yo- está afectado por un desconocimiento radical de lo que lo constituye.

 

La identidad “tiene que ver con el Otro, con las imágenes reinas y los​​ 
significantes amo”[2], que organizan nuestro goce  y que tienen efectos en cómo nos conducimos en la vida. Sin embargo, la experiencia analítica deshace una a una las identificaciones que la conforman,  permitiendo captar la alteridad que les subyace - la singularidad del modo de gozar del ser hablante - a la vez que confronta al sujeto con el vacío de representación primordial.
 

A partir de la lectura de Lacan, podemos afirmar que no hay identidad que se sostenga. Creerse uno no es más que ilusión, pasión, locura. La identidad puede cambiar o estar en crisis porque es un vacío, ante el cual, las identificaciones nos sostienen.

 

La inexistencia del Otro que rige la época actual no puede dejar de incidir en las identificaciones. El discurso del amo contemporáneo ya no ofrece ideales unificantes y, por tanto, tampoco produce identificaciones sólidas y universales. A este debilitamiento, responde un cambio en el régimen de las identidades que no obedecen a una imposición en nombre de significantes amo poderosos. Ahora, autoafirmadas, parecen responder a una verdadera pasión del ser hablante contemporáneo por nombrarse.

 

En efecto, las identidades se presentan hoy cargadas de una fuerza y de un grado de certidumbre inicial que contrasta con la rapidez con la que a veces se diluyen para dar lugar a una búsqueda nueva, no menos urgente. Sin embargo, el vacío y la angustia permanecen.

 

En la actualidad, el ejercicio del poder pasa cada vez más por el control de los cuerpos. Esta modalidad, que Foucault llamó biopolítica, constituye uno de los elementos determinantes del discurso del amo contemporáneo. “El sujeto se encuentra atrapado en la extensión creciente de la gestión de conjuntos de vivientes constituidos en poblaciones, cuyos modos de goce es preciso guiar, ya sea mediante el mercado, ya sea mediante la regulación burocrática y sus normas invasivas”.
[3]
 

Si el psicoanálisis puede seguir definiéndose como el reverso del discurso del amo, urge desentrañar los resortes de este último para pensar nuestra clínica y nuestra política en el horizonte en el que necesariamente se inscriben.

 

Jacques Lacan pudo anticipar la multiplicación de los fenómenos identitarios y el aumento de los procesos de segregación, y su ultimísima enseñanza nos proporciona herramientas renovadas y poderosas para leerlos. Las próximas Jornadas de la Escuela nos convocan a ello.

 

 

Líneas de trabajo
 

Nuevos diagnósticos: falsos nombres

Del yo al síntoma, el inicio del análisis

Identificación : atravesamiento y restos

Nominaciones

Usos de lo imaginario

La máquina de etiquetar: Ciencia, Universidad, Bipolítica

Comunidades de goce

El fin de la infancia

Cuestión de género, género en cuestión

Construcción del adolescente

El selfie imposible y la ex-sistencia del cuerpo

Ser hablante y multitud

Nuevas identidades y segregación



 

[1] Freud Sigmund, Psicología de las masas y análisis del yo Cap VII La identificación. Obras completas Tomo XVIII Pag 99. Editorial Amorrortu.

[2] Brousse M H . Les Identités, une politique, l’identification, un processus et l’identité, un symptome.

[3] Laurent E. El reverso de la biopolítica . Pag 25. Grama Ediciones.

 


XV Jornadas de la ELP

 http://mujeres.jornadaselp.com/

XV Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis
«Mujeres. Un interrogante para el psicoanálisis».
19 y 20 de Noviembre de 2016
Colegio de Médicos de Madrid

Blog de las Jornadas :
http://mujeres.jornadaselp.com/


I Conferencias Internacionales Jacques Lacan

IConferenciaLacan


Crisis | ¿Qué dicen los psicoanalistas?

XIVjornadas

Crisis

12 y 13 de diciembre en Barcelona

Quedan 185 días hasta las Jornadas de este año…

A partir de hoy podrás leer qué dicen los psicoanalistas acerca de la Crisis en la página web de las Jornadas:

crisis.jornadaselp.com

Allí encontrarás:

-textos de orientación

-el Blog Crisis donde iremos publicando las elaboraciones y trabajos preparatorios

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No te la pierdas!

 

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